viernes, 21 de febrero de 2014

ella, yo, nadie


Se prometió que ya no escribiría versos tristes, pero el cielo nublado y las heridas abiertas, se los arrancan cuando no está mirando.
La brisa del mar atraviesa sus poros y se condensa en lágrimas de monotonía. Inventándose, lo que le hace falta; por falta de inspiración, revuelta con melancolía y algo mejor que hacer.
Se queja de llevar una vida, a ratos sin sentido y predestinada cada lunes. Lleva cicatrices de guerra en el alma, emociones en la piel y su suéter preferido. Sus lentes de sol, se nublan con la vista de lo que no alcanzan a distinguir y se empañan con lo que miran.
No sabe nada de amor, el amor poco sabe de ella. Le llegan cada mes sus telegramas, que de alguna forma siempre logra malinterpretar. Ríe de las cosas que hace por ella, en nombre del amor.
Sueña despierta, vive dormida; las luces apagadas esconden sus ganas de abrir los ojos, mientras la luna atraviesa los límites, que tiene por cielo…


Un hombre cuenta su dinero; otro hace su trabajo con acostumbrada conformidad, le agradece a la vida el no ser noticia de hoy. Van tomados de la mano, dos adolescentes que luchan contra sus hormonas; mientras en el horizonte aparecen más transeúntes, vestidos de responsabilidad.
Su cappuccino se enfría; al mismo tiempo ella siente enfriarse y le sonríe a la taza medio vacía, comprendiendo que tienen algo en común. Extiende su mano, para alcanzar a su cómplice inanimado; pero al primer roce con la porcelana de serie, decide que ya ha tenido suficiente. Suelta la servilleta donde había escrito minutos atrás: “me dejo en los labios, sabor a desierto nocturno, solo polvo y frio por dentro”.
No escribía poemas, no tomaba notas, no sabía hacer cartas… ocasionalmente colocaba su firma en alguna esquina de documento olvidado; por lo que no estaba segura si aquellas líneas formaban parte de alguna novela del siglo XIX, una canción alojada en su memoria o si era lo que realmente sentía, y se estaba confesando con un pedazo de papel.
Después de largo rato de autoconciencia, le esperaba un día que se sentía como ayer y ayer fue un día cualquiera… caminando por ahí, respirando la ciudad y viviendo de mentiras que quería creerse…
Ella, yo, nadie

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